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Bifurcaciones

SERGIO AGUAYO, , actualizada 07:59 🕚
Bifurcaciones

El activismo de Porfirio Muñoz Ledo se asienta en su lectura de la realidad: México está ante una "bifurcación": "o nos vamos hacia la democracia o nos vamos al autoritarismo". Comento sus palabras a partir de otra bifurcación histórica de la que fue protagonista el aguerrido diputado.

En 1987 diez integrantes del Partido Revolucionario Institucional llamaron a crear una "Corriente Democrática" dentro del PRI. Pedían la democratización de los métodos de elección del candidato tricolor a la presidencia y proponían como candidato a Cuauhtémoc Cárdenas. Sus planteamientos fueron ignorados y cuando Carlos Salinas fue nombrado candidato a la presidencia iniciaron una serie de movilizaciones que culminaron con su salida del PRI para fundar el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que en su momento tantas esperanzas despertara y con el tiempo tantas decepciones provocara. Aquel movimiento se degradó porque un buen número de sus miembros agrupados en "tribus" sustituyeron las causas por el negocio, y el debate ideológico por los métodos mafiosos.

Las pugnas internas causaron otro desprendimiento del cual surgió MORENA, un partido que ha ido quemando etapas de manera vertiginosa. Los personajes y métodos que emplean, y las decisiones y anuncios hechos por el presidente Andrés Manuel López Obrador abonan al diagnóstico elaborado por Muñoz Ledo y justifican su convocatoria a un "Encuentro por la República", cancelado en último momento por coincidir con la tragedia del metro.

Fui invitado a participar en el "Encuentro". Acepté porque deseaba exponer una línea argumentativa que a continuación bosquejo. La coyuntura histórica que vivimos es muy delicada y la recrudecen las decisiones e intenciones del presidente. Sin embargo, es igualmente grave la degradación de los partidos que se han convertido en lastre para la democracia. El remedio está a la vista: una reducción en las prerrogativas públicas, mayor vigilancia del Instituto Nacional Electoral (INE) y aumento del escrutinio ciudadano.

No todo está podrido. Durante décadas he participado en la vida pública del país a través de mi producción académica, mis opiniones en medios y mi participación en organizaciones de la sociedad civil (OSC); esta experiencia me lleva a pensar que sigue habiendo vías de resolución a los problemas que nos aquejan, las soluciones requieren de un diálogo abierto y respetuoso que abone a la construcción de una verdadera cultura democrática, que evite la descalificación per se del oponente y que fortalezca las instituciones que con tanto trabajo hemos construido.

No desdeñemos los avances, han sido notables. El conocimiento sobre los actores políticos es un ejemplo. Pensemos que fue en abril de 1988 cuando por primera vez La Jornada hizo un levantamiento sobre las intenciones del voto en la elección presidencial en la Zona Metropolitana del Valle de México (en Monterrey, El Norte ya tenía tiempo haciéndolos). Durante estos años se han consolidado también medios de comunicación independientes y las OSC han llegado a excelentes niveles de profesionalización comprobables en sus informes.

Otro avance digno de mención son los organismos públicos de derechos humanos (las instituciones encargadas de tutelar derechos y ser bisagras entre Estado y sociedad). Es cierto que un alto porcentaje de estos organismos han sido colonizados por partidos; sin embargo, algunos se han transformado en columnas del cambio. Es el caso del INAI o el INE. Este último evolucionó de la servidumbre frente a los partidos políticos a la determinación de ser un muro de contención para sus excesos.

La diputada Martha Tagle (Movimiento Ciudadano) lo resumió durante la comparecencia de Muñoz Ledo en la Cámara de Diputados: "La democracia en este país se ha construido a muchas manos y desde muchos lugares, y eso es importante que lo escuchemos todos y que lo recordemos siempre".

La situación es difícil, por supuesto. Al presidente lo irrita la sociedad organizada e institucionalizada. Quisiera eliminarlas pero hay una gran distancia entre querer y poder. Él quiere, pero no puede. La distribución de fuerzas requiere acuerdos parciales y totales entre los partidos y obliga a diálogos como el pospuesto "Encuentro por la República". Ya habrá oportunidad de intercambiar ideas sobre cómo regenerar una democracia maltrecha.

@sergioaguayo

La economía mexicana se estancó durante los tres primeros meses de 2021. De acuerdo con cifras preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el producto interno bruto (PIB) creció apenas 0.4% respecto al registrado en el último trimestre de 2020. Más aún, comparado con la producción que se alcanzó en el primer trimestre de 2020, justo antes de la pandemia, el PIB se desplomó -2.9% el pasado trimestre, una caída preocupante.

Varios factores explican esas malas cifras. El primero fue el continuo mal desempeño del gobierno federal ante la crisis por la pandemia. De hecho, no será hasta en el último trimestre de este año cuando el confinamiento no siga causando estragos económicos. El segundo factor de peso fue la caída en el suministro de gas texano en el mes de febrero. Y el tercero fue la extinción de cientos de miles de pequeñas empresas y empleos formales el año pasado, disrupciones significativas tanto en la oferta como en la demanda que tardarán en desvanecerse.

Tal estancamiento contrasta con el buen desempeño que tuvo, por otro lado, la economía estadounidense. Nuestros vecinos estiman, en este momento, un crecimiento del orden de 6.4% para 2021. Ahora bien, como de vez en vez recordamos en este espacio, el procedimiento estadístico de anualización seguido por ellos es muy sui generis, pues lo extrapolan hacia adelante. En realidad, su crecimiento del primer trimestre respecto al anterior fue 1.56%, comparado con el 0.4% nuestro. Por otro lado, el crecimiento de su PIB trimestral respecto al de hace un año fue cerca de 0.4%. Así pues, ellos no tuvieron nuestro decrecimiento de -2.9%, y de hecho el nivel de su PIB es ya mayor al de antes de la pandemia.

¿Cómo se explica ese buen desempeño de la economía estadounidense? Mayormente la política fiscal expansiva seguida por el presidente Biden en su primer trimestre de gobierno. Las transferencias por parte del gobierno estadounidense fueron tan grandes el pasado trimestre que el ingreso disponible de las personas creció, en el agregado, 61% respecto al trimestre anterior. Esa política fiscal tan, pero tan agresiva persistirá, al parecer, por el resto del año y ya se está extendiendo para incrementar de manera sustantiva la inversión pública. Todo ello, dicho sea de paso, ayudará a mejorar el ingreso disponible de nuestros esforzados emigrantes que trabajan allá, así como a mejorar de manera indirecta el ingreso de sus familiares que reciben sus remesas acá.

Volviendo a la economía mexicana, ésta ciertamente ya está rebotando a partir del mes pasado. Pero, ¿de cuánto acabará siendo el rebote? Hace unos días el presidente López Obrador, tras aceptar que hubo un estancamiento económico, se aventuró a afirmar: "Para mediados de este año ya vamos a estar en la situación económica en la que estábamos antes de la pandemia". Ésta es una conjetura que desgraciadamente no tiene fundamento. El nivel de empleo seguirá siendo todavía menor que al que había antes y la situación de pobreza seguirá siendo mayor que en años pasados. La verdadera magnitud de la crisis se puede apreciar con una conjetura alternativa: el PIB anual que se registrará a fines de 2021 será, en términos reales, menor al que se tuvo en 2018.

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