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El mundo y las jóvenes generaciones

Jorge Alvarez Fuentes, , actualizada 07:16 🕚
El mundo y las jóvenes generaciones

El año 2022 seguramente será recordado en la historia contemporánea del mundo como un punto de inflexión, sobretodo por millones de jóvenes. Como el resultado inesperado de la sucesión de múltiples crisis: pandemia, guerras, emergencia climática, inflación generalizada, disrupción de las cadenas de valor y de distribución, escasez de alimentos, en medio de numerosos conflictos regionales y locales. En un lapso de tiempo, se ha instalado, de manera indiscutible y fundada, la percepción de un posible y próximo colapso de la vida en el planeta, de continuar la actual trayectoria. Sorprende el enorme desconcierto, cargado de ansiedad y angustia que existe y se acrecienta entre amplios sectores de la sociedad mundial. Hay crispación por el presente, desazón por el futuro, extravío por el pasado. Ciertamente hay diversas reacciones, pero siguen estando contenidas en las viejas formas del pasado, sean estas protestas, huelgas, manifestaciones, paros, levantamientos e insurrecciones civiles. Como puede advertirse en algunas reflexiones de analistas y pensadores, la actual tendencia denomínante es inercial: volver hacia a una huidiza "normalidad".

Pareciera no haber respuestas suficientes a la altura de tan colosales e interrelacionados desafíos. ¿Cómo responder y trazar un nuevo mundo superando las viejas e insuficientes formas de la acción colectiva? Después de leer el último reporte del Laboratorio Europeo de Anticipación Política, un centro francés de pensamiento estratégico, considero que debemos adelantar, rápidamente, otros elementos de análisis y generar nuevos conocimientos dirigidos a la acción para poder dar cuenta de los actuales desarrollos globales, tanto políticos, como económicos y sociales. Gobiernos e individuos siguen estando paralizados mientras se extiende el crecimiento insostenible, el empobrecimiento y la desigualdad. La inercia y la sensación de catástrofe ganarán terreno en la medida en que el impacto en las vidas cotidianas de las personas no se perciba como un proceso irreversible.

Las principales preocupaciones de la generación de los millennials, aquellos jóvenes nacidos en los 80s y 90s, se concentran primordialmente en las carencias de la educación prescriptiva, esa que desdeña el talento y desalienta habilidades y capacidades, en la falta de buenos empleos, en el aumento imparable en los costos de la vida, en los impactos del cambio climático y los desastres naturales y en la destrucción acelerada de la naturaleza. En un segundo plano, en las tensiones geopolíticas, en los conflictos armados que tienden a escalar y en la inseguridad humana y la falta de rendición de cuentas, de transparencia y de un combate frontal y eficaz a la corrupción por parte de todos los gobiernos. Según una última encuesta de la consultora internacional Deloitte, la mayoría de los miembros de aquella y de la generación Z (los nacidos entre 1995 y 2003) están tratando de redefinir lo que de manera fundamental importa, frente al conjunto de incertidumbres: mejores oportunidades y lugares más atractivos de trabajo, con mejores salarios, ingresos, remuneraciones y compensaciones, con nuevas formas significativas, flexibles, híbridas y complementarias, menos jerarquizadas de trabajar, con nuevas formas sostenibles de implementación de beneficios y esquemas de pensión y retiro, la prevención de enfermedades crónicas y la procuración de la salud física y mental, y, finalmente, la obtención del bienestar individual y colectivo.

Millones de jóvenes se debaten sobre cuáles son las mejores formas de conseguir un balance entre vivir y trabajar. Quieren trasladar su arraigada preocupación en acciones individuales y colectivas que consigan de manera rápida la protección del medio ambiente y la preservación de la biodiversidad. Desean que se prohíba de inmediato el uso de los plásticos de un solo uso en los hogares, los comercios y los centros de trabajo, que haya un salto cualitativo para conseguir a la brevedad posible descarbonizar la economía global mediante la reducción drástica de la huella de carbono en todos las actividades productivas, educativas, recreativas y de servicio.

Igualmente, a los jóvenes les inquieta de sobremanera que el mundo esté dado el mayor giro belicista en décadas y que muchos gobiernos estén inmersos en una demencial carrera armamentista, que estén embarcados en una militarización regresiva y que se tienda a normalizar y considerar aceptable el uso y la amenaza de las armas nucleares. Saben que el futuro, aquella promesa repetida por sus padres, depende no de la habilidad para predecirlo, sino de la capacidad contestataria para enfrentarlo: de la valentía, preparación, creatividad, agilidad y versatilidad para construir un mundo mejor, otro, muy distinto. Lo cual reclama el trabajo en conjunto, con visiones y objetivos compartidos. Si se requiere transformar el mundo, saben que es necesario pensar de otra manera, de formar alianzas diferentes, incluso dislocar gobiernos, instituciones, organizaciones, universidades y empresas en cualquier lugar del mundo.

La esperanza de los jóvenes en esta encrucijada del mundo, se cifran en unir fuerzas para crear un mundo conectado, sostenible, basado en el avance alcanzado por las ciencias y en la importancia y valor de los conocimientos, en un crecimiento incluyente, donde la mayoría de los seres humanos puedan participar en el cambio social que la tecnología prefigura y ofrece, no en forma acrítica, y sin algunos costos muy elevados, para construir un mejor porvenir en el que todos puedan ser partícipes, juntos.

@JAlvarezFuentes

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