Editoriales / Aleatoria.

¿Milagro?

Sergio Aguayo, , actualizada 07:19 🕚
¿Milagro?

La memoria de María Yolanda Argüello.

Ayer martes, Jenaro Villamil envió un tuit para informar que el presidente "celebra el comunicado" de los obispos y los jesuitas "convocando a trabajar conjuntamente con el gobierno por la paz".

El viraje es notable porque Andrés Manuel López Obrador ha reiterado una y mil veces que su política es la correcta porque ataca las raíces de la violencia, porque el gabinete de seguridad se reúne diariamente y porque, en suma, van avanzando. Esos argumentos se estrellan como pompas de jabón con la muralla creada por el número de víctimas y la opinión reflejada en encuestas. En la encuesta de El Financiero del pasado lunes, el 57 por ciento aprueba su gestión y el 67 reprueba su estrategia de seguridad. Esa vulnerabilidad podría explicar la rapidez con la cual escaló el conflicto con la iglesia y la celeridad con la que se muestra dispuesto a dialogar.

En el trasfondo y como antecedentes, existen otros hechos que me señala el especialista de El Colegio de México en religiones, Roberto Blancarte. En entrevista telefónica me explica las ambivalencias de los obispos hacia los políticos que, como AMLO, hacen política desde sus creencias. Es cierto que beneficia al modelo de sociedad cristiana que ellos proponen; pero también existe el riesgo de desencuentros porque en el trasfondo hay una competencia entre obispos y líderes políticos por la "autoridad moral, la ética".

El asesinato de los jesuitas llevó a la iglesia católica a pintar su raya frente a criminales y gobernantes. Tienen como referente y palanca los pronunciamientos de Juan Pablo II, Benedicto XVI y el papa Francisco. Este último dijo el 21 de junio de 2014 que "los mafiosos no están en comunión con Dios. Están excomulgados". Las cúpulas eclesiásticas en el país no han llegado todavía a ese punto, pero es evidente que están moviéndose aceleradamente mientras cuestionan la estrategia gubernamental.

El obispo de Cuernavaca y vocero del episcopado, Ramón Castro, convocó el sábado pasado a una manifestación en la capital de Morelos; la encabezaron sacerdotes y monjas, y participaron, según La Jornada, seis mil personas. El obispo lanzó un rechazo explícito a la política de AMLO.

Este lunes, la Conferencia del Episcopado Mexicano dio otro paso al convocar a una jornada de oración que durará todo el mes de julio porque "la indignación de nuestro pueblo... nos está abriendo una puerta para la paz". Habrá misas para honrar a las religiosas y religiosos asesinados, oraciones comunitarias para pedir por las víctimas y por sus verdugos; e informa que, en la última etapa, cada diócesis, congregación o parroquia decidirá qué hacer. Es un anuncio de una movilización en cámara lenta en la cual sabremos de qué son capaces los 17,500 sacerdotes, las 28 mil monjas y las decenas de miles de catequistas y otros agentes de pastoral.

La movilización tiene el potencial para afectar la popularidad del presidente y de Morena que está dividida y desconcertada sobre este tema. En redes sociales, Epigmenio Ibarra, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal fueron de los pocos que condenaron el asesinato de los jesuitas; el resto de la cúpula se hizo la desentendida. Más significativo ha sido el escasísimo apoyo que recibió el presidente cuando acusó a obispos y jesuitas de hipócritas y de estar "apergollados" por la oligarquía.

De pronto, como si fuera un milagro, el presidente flexibilizó su posición ayer y se mostró dispuesto a "trabajar conjuntamente" con la iglesia para alcanzar la paz. No está claro si hablarán solo ellos o si invitarán a las víctimas y a otros sectores; y si lo harán en público o en privado. También desconocemos cuál será la reacción de unos partidos polarizados, de unas fuerzas armadas empoderadas y de unos megacarteles y minibandas que se despliegan con enorme soberbia. Construir la paz se dice fácil, pero es extraordinariamente difícil.

Aun así, es una ráfaga de esperanza la rapidez con la que llegamos al dintel de un diálogo. Bien por la jerarquía católica y bien por el presidente. Arropemos y apoyemos el esfuerzo. Frenemos una sangría insoportable e inaceptable. Hagámoslo por las víctimas pasadas, presentes y futuras; se lo merecen. México no puede ser crucificado de esta manera.

@sergioaguayo

Colaboraron Dulce Alicia Torres Hernández y Gabriela Cruz Alonso

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